El brillo de un cosmético puede parecer una cuestión puramente estética.
Un pequeño destello aparece sobre la piel y, probablemente, no nos preguntemos mucho más.
Nosotras sí solemos hacerlo.
Después de tantos años formulando, acabas acostumbrándote a mirar un poco más allá del resultado final y a preguntarte de dónde procede una textura, un color o, como en este caso, ese reflejo dorado.
Porque no todos los acabados luminosos se consiguen de la misma manera.
¿Qué son los microplásticos en cosmética?
Cuando hablamos de microplásticos nos referimos, de forma general, a pequeños fragmentos de plástico. La European Commission utiliza como referencia habitual un tamaño inferior a 5 milímetros.
En el sector cosmético, determinados polímeros sintéticos se han utilizado con distintas funciones y, en algunos casos, para crear acabados visuales como el brillo o la purpurina.
Sí, la misma purpurina que utilizábamos en manualidades cuando éramos pequeñas.
El problema comienza cuando esas pequeñas partículas abandonan la superficie cutánea. Al ducharnos o retirar un cosmético, pueden pasar al agua y terminar dispersándose en el medio ambiente.
La European Commission describe los microplásticos como persistentes, muy móviles y difíciles de eliminar de la naturaleza. Una vez liberados, tienden a acumularse en el entorno.
Y, por su tamaño, muchas veces ni siquiera los vemos.

¿Qué ocurre con los microplásticos en la naturaleza?
Que dejemos de ver algo no significa que haya desaparecido.
Los microplásticos pueden permanecer en el agua y el suelo y desplazarse entre diferentes ecosistemas. Su reducido tamaño facilita el contacto y la ingestión por organismos vivos, y su presencia se ha documentado a lo largo de las cadenas alimentarias.
El United Nations Environment Programme (UNEP) recoge efectos tóxicos y mecánicos relacionados con su ingestión por diferentes animales. Entre los efectos descritos se encuentran una menor ingesta de alimento, cambios en el comportamiento y determinadas alteraciones biológicas y genéticas.
Aquí conviene hacer un pequeño inciso: no todos los microplásticos son iguales ni todas las exposiciones producen las mismas consecuencias. El tamaño, la forma, la composición y el tiempo de exposición también importan.
Pero su capacidad para permanecer durante largos periodos en la naturaleza ayuda a entender por qué existe tanta preocupación alrededor de ellos.
Microplásticos en el organismo humano: ¿qué sabemos realmente?
Sabemos que estamos expuestos a microplásticos a través del aire, el agua y los alimentos.
A partir de aquí preferimos ser prudentes.
La European Environment Agency (EEA) señala que, aunque existe mucha información sobre su presencia en nuestro entorno, todavía conocemos poco acerca de sus efectos concretos en la salud humana.
Eso no significa que no se estén estudiando.
Una revisión sistemática publicada en Environmental Science & Technology en 2024 concluyó que se sospecha que la exposición a microplásticos puede perjudicar la salud reproductiva, digestiva y respiratoria. La investigación también analiza mecanismos relacionados con la inflamación y el estrés oxidativo.
El estrés oxidativo forma parte de nuestro día a día como esteticistas y formuladoras. Se produce cuando existe un desequilibrio entre la formación de especies oxidantes y la capacidad del organismo para neutralizarlas, y sabemos que puede participar en procesos de daño celular.
Pero una cosa es conocer un mecanismo biológico y otra afirmar que la presencia de microplásticos provoca directamente una enfermedad concreta.
La ciencia todavía intenta comprender qué ocurre según la dosis, el tamaño de las partículas, su vía de entrada al organismo y el tiempo de exposición.
Por eso, cuando existe una alternativa adecuada, nos parece sensato reducir su incorporación intencionada.

Europa ya ha comenzado a limitar los microplásticos añadidos intencionadamente
Esta preocupación también ha llegado a la regulación.
En octubre de 2023 entró en vigor en la Unión Europea la restricción REACH sobre micropartículas de polímeros sintéticos añadidas intencionadamente a los productos. La medida alcanza distintos sectores, incluido el cosmético, y contempla diferentes periodos de adaptación según su uso.
Esto no significa que todo polímero sintético sea automáticamente un microplástico ni que cualquier ingrediente derivado de la petroquímica entre dentro de esta definición. La regulación establece criterios concretos y creemos que es importante hacer esta distinción.
En formulación, simplificar demasiado casi nunca ayuda (aunque a veces nos encantaría que todo fuera un poco más sencillo).
Una forma de mirar las materias primas que no nació ayer
Nasei nació hace casi dos décadas, cuando hablar de cosmética orgánica, formulación consciente o impacto ambiental era bastante menos habitual que ahora.
Para nosotras, mirar hacia la naturaleza nunca fue una tendencia, sino el punto desde el que empezamos.
Con los años hemos aprendido mucho —y seguimos haciéndolo—. También hemos entendido que respetar la naturaleza no consiste en buscar una perfección que probablemente no exista, sino en revisar, preguntar y elegir mejor cuando tenemos la posibilidad de hacerlo.
Por eso nos hacemos estas preguntas incluso con algo aparentemente tan sencillo como el brillo de un aceite.
¿Qué son las partículas doradas de un aceite iluminador?
Al observar un aceite corporal con pequeños destellos dorados, es bastante fácil pensar en purpurina.
Pero no siempre lo es.
La luminosidad también puede proceder de minerales capaces de reflejar la luz. Uno de los más conocidos por su uso en formulación es la mica.
¿Qué es la mica y por qué brilla?
La mica es el nombre que recibe una familia de minerales silicatos presentes de forma natural en diferentes rocas.
Su estructura se organiza en capas extremadamente finas, casi como pequeñas láminas superpuestas. Esta disposición permite reflejar la luz sobre su superficie y crear ese resplandor tan característico.
Quizá alguna vez hayas encontrado una roca con pequeños destellos plateados o dorados y la hayas movido bajo la luz para ver cómo brillaba (nosotras lo hemos hecho más de una vez). Es muy posible que estuvieras viendo mica.
En formulación, esta capacidad de interactuar con la luz permite conseguir desde reflejos muy discretos hasta acabados más radiantes.
Y aquí aparece una diferencia importante: a simple vista podemos percibir un destello parecido, pero su origen puede ser completamente distinto.


Mineral vs plástico
Cuando desarrollamos nuestro aceite corporal iluminador de gardenia y lima buscábamos un reflejo dorado muy concreto.
Queríamos que se fundiera visualmente con la piel, que apareciera especialmente cuando incidiera la luz y que no dejara esa sensación de purpurina.
Por eso elegimos una mica de origen natural y geológico, una materia prima mineral y non-nano que nos permite aportar ese halo dorado sin recurrir a partículas plásticas ni microplásticos.
Podríamos habernos quedado simplemente con que el aceite deja la piel bonita. Y sí, nos encanta cómo capta la luz.
Pero después de tantos años entre fórmulas, aprendes que el resultado final es solo una parte del desarrollo. También importa qué eliges, por qué lo utilizas y qué ocurre después, cuando ese cosmético ya no permanece sobre la superficie cutánea.
Son decisiones que quizá nunca se perciban al abrir un frasco, pero forman parte de nuestra manera de formular desde que comenzamos.
Para nosotras, cuidar la piel y reducir nuestro impacto en el entorno pertenecen a una misma forma de entender la cosmética.

Texto y fotografía: Lorena Aviñón
Modelo: Helena Carré
Fuentes consultadas
European Commission · Microplastics
European Commission · Restricción REACH de microplásticos añadidos intencionadamente
European Environment Agency · Impacts of microplastics on health
Environmental Science & Technology · Effects of Microplastic Exposure on Human Health