Hay días en los que una fórmula empieza delante del ordenador y otros en los que nace durante un paseo.
En mi caso, basta con salir de casa.
Vivo en un pueblo de la costa oriental de Cantabria, donde el verde ocupa casi todo, los troncos se cubren de musgo y un río acompaña buena parte del recorrido.
Es el paisaje que veo desde la ventana de mi despacho y al que vuelvo cuando necesito dar forma a una idea.
Después de la lluvia, el río baja con más fuerza, la humedad acentúa el aroma del laurel y del eucalipto y todo parece percibirse con mayor intensidad.

«Muchas de las fórmulas de Nasei nacen, de una forma u otra, aquí.»
Cuando decidimos hacer estas fotografías, tenía claro que quería que fueran aquí.
No buscaba una localización para Nasei, sino enseñar un lugar que ya forma parte de mi vida y de lo que hago.
Detrás de la cámara está Patricia Aguilar, amiga, vecina y fotógrafa.
Conoce bien este lugar y su fotografía está muy ligada a las personas, las familias y la naturaleza, con una mirada especialmente sensible a la luz y a esos gestos que suceden cuando nadie parece estar posando.
Compartir este paisaje hizo que elegirla para contarlo fuera algo muy natural.

Soy esteticista, cosmetóloga y formuladora.
Nasei la creamos mi hermana Celia y yo y, aunque las decisiones las tomamos entre las dos, cada una ocupa un lugar diferente en el proceso.
Yo estoy especialmente vinculada a investigar, pensar y desarrollar las fórmulas; Celia, también esteticista, es quien las lleva después a la práctica.
Aunque formule, sigo mirando la piel con ojos de esteticista. Antes de pensar en un ingrediente, un activo o una textura, pienso qué necesidad quiero abordar y para quién estoy creando ese cosmético.
Y muchas veces ese «para quién» tiene nombre.

Leo los mensajes, preguntas y propuestas de las personas que están al otro lado de Nasei.
Algunas nos acompañan prácticamente desde nuestros inicios; otras acaban de llegar.
Hay nombres que reconozco desde hace años y pieles cuya evolución hemos ido conociendo a través de esas conversaciones.
Con el tiempo se ha creado una relación muy cercana y no es extraño que la idea de un nuevo cosmético surja precisamente ahí: de una necesidad que se repite, una pregunta o algo que alguien echa de menos.
Me interesa investigar nuevos activos y redescubrir otros clásicos que todavía no había explorado, comprender su función y su afinidad con la piel, e imaginar cómo podrían formar parte de una futura crema o sérum.
Después, lo que estaba sobre el papel pasa de mi escritorio a nuestro estudio-taller.

Allí comienza la parte práctica: formulamos los primeros prototipos, hacemos pruebas de textura y olfativas, observamos cómo se comportan y vamos ajustando hasta acercarnos al resultado que buscamos.
Dedicamos mucho tiempo al aroma: combinamos distintas notas casi como perfumistas, probando proporciones y afinando cada mezcla hasta encontrar el equilibrio adecuado.
Seguimos ajustando hasta que las dos estamos conformes con el resultado.
Solo entonces, cuando todo responde a lo que queríamos conseguir, la fórmula llega al laboratorio cosmético, donde finalmente se fabrica.
«La naturaleza deja de ser una idea abstracta cuando forma parte de tu vida cotidiana.»
Las estaciones transforman este paisaje mientras yo sigo frente a él. Cambian las plantas, la luz, los aromas. Y, con los años, evoluciona mi manera de formular.
Vivir rodeada de verde, reconocer especies, texturas y aromas acaba entrando inevitablemente en lo que hago.
Aquí la naturaleza es algo concreto: está en el laurel silvestre y el eucalipto, en la humedad que intensifica su olor, en el musgo que cubre los troncos o en las margaritas que crecen entre la hierba.

Del paisaje a la fórmula
Una de esas flores conecta, casi por casualidad, este lugar con el Sérum Hidratante que aparece en las fotografías.
En su fórmula utilizamos un complejo de flores blancas compuesto por rosa, jazmín y margarita.
Me gusta encontrarla aquí, creciendo entre la hierba, y pensar que esa misma especie forma parte de un cosmético que he formulado a pocos metros de este lugar.
No porque una planta tenga que entrar en una fórmula por estar cerca de nosotros, sino porque, cuando tiene sentido desde la formulación, a veces lo que me rodea acaba encontrando su lugar en lo que creo.
«Con los años he aprendido que formular implica elegir, pero también descartar.»
La botánica está muy presente en mi forma de entender la cosmética, pero no me interesa incorporar un ingrediente vegetal porque resulte bonito en una etiqueta o esté de moda.
Quiero saber qué aporta a la piel y por qué merece estar ahí.
Hay ingredientes interesantes que no encuentran su lugar en una fórmula, combinaciones que funcionan sobre el papel y no en la piel, y pruebas que obligan a volver atrás y empezar de nuevo.
Quizá por eso quería estar esta vez delante de la cámara. No tanto para hablar de mí, sino para abrir una pequeña ventana al lugar desde el que pienso, creo y doy forma a muchas de las ideas que después se convierten en Nasei.
Pero esta es solo una parte de nuestra historia.
Celia tendrá pronto su propio espacio en Magazine para enseñaros algo en lo que lleva tiempo trabajando. Esta vez le tocará a ella contar su parte.
Pronto la veréis por aquí.

En este artículo:
Sérum Hidratante Granada, rosa, azahar
Una fórmula acuosa de textura ligera creada para aportar en extra de hidratación gracias al ácido hialuronico de alto y bajo peso de origen vegetal.
Crema Nutritiva Vitamina C, naranja y palmarosa
Una textura envolvente pero de rápida absorción formulada para aportar confort, antioxidantes y luminosidad en un solo gesto en el día y la noche.